El estudio de Jackson, basado en miles de libros anotados, muestra marginalia que van desde marcas rápidas de énfasis hasta discusiones sostenidas con el autor, y las trata como evidencia de cómo ocurre realmente la lectura: de forma activa, social y a menudo combativa. Los ejemplares anotados circulaban entre amigos, y a algunos lectores, incluido célebremente Samuel Taylor Coleridge, se les pedía que anotaran libros precisamente porque sus notas marginales eran valoradas.
Como práctica de aprendizaje, la anotación convierte la lectura de recepción en diálogo. Escribir una respuesta, una objeción o un resumen en el margen es generación, y decidir qué merece una marca es el mismo juicio selectivo que hace útil el subrayado cuando se practica con moderación. El margen además ancla la nota a su contexto exacto, algo que un cuaderno aparte pierde.
La anotación digital extiende el margen más allá de la página física: los subrayados y notas en páginas web, PDF y libros electrónicos son marginalia que se pueden buscar, compartir y revisitar. La dimensión social que Jackson documenta, lectores leyendo la lectura de otros, es exactamente lo que las plataformas de subrayado social recrean en línea.