La evidencia merece un encuadre honesto. En la revisión de Dunlosky y colegas sobre diez técnicas de estudio, el resaltado y el subrayado recibieron la calificación más baja, utilidad baja: cuando los estudiantes simplemente marcan el texto y releen las marcas, aprenden poco más que con la lectura simple, y marcar puede incluso perjudicar el rendimiento en preguntas de inferencia. Los beneficios aparecían sobre todo cuando el marcado era selectivo, porque decidir qué importa es donde ocurre el trabajo cognitivo.
El alcance de esa calificación es más estrecho que el titular. Los estudios subyacentes evaluaron el resaltado como actividad aislada de una sola pasada seguida de relectura. No evaluaron el resaltado como paso de captura de un sistema mayor, donde los pasajes marcados se convierten en preguntas para la práctica de recuperación, en material para notas con tus propias palabras o en elementos de una cola de repaso espaciado. Ese flujo de trabajo está en gran parte sin evaluar, no refutado.
La guía práctica se sigue directamente: resalta con moderación, porque marcar párrafos enteros se salta el juicio de selección que aporta el beneficio, y trata cada resaltado como la promesa de una segunda acción. Un resaltado que más tarde se convierte en una pregunta de recuerdo, una anotación o parte de un resumen ha cumplido su función; uno que solo se relee, no.