Ebbinghaus memorizó listas de sílabas sin sentido y midió cuánto esfuerzo ahorraba reaprenderlas tras demoras de entre veinte minutos y un mes. En sus datos, el ahorro caía bruscamente al principio y luego se aplanaba, con aproximadamente un tercio del aprendizaje original todavía efectivo tras un día y alrededor de una quinta parte tras un mes. Murre y Dros repitieron el procedimiento completo en 2015 y reprodujeron la forma de la curva.
La curva no es una ley fija de pérdida. Su pendiente depende de lo bien que se aprendió el material, de lo significativo que es y de lo que ocurre después. La práctica de recuperación y el repaso espaciado la aplanan: cada recuerdo exitoso ralentiza el olvido posterior, que es la lógica sobre la que se construyen los sistemas de repetición espaciada.
La lectura práctica de la curva no es que la memoria sea una causa perdida, sino que una sola exposición es un alquiler. La mayor parte de lo que leas esta semana será inaccesible en cuestión de días, a menos que algo, una nota, un subrayado que reaparece más tarde, una autoevaluación, dé al recuerdo otro evento en torno al cual consolidarse.