Los investigadores distinguen la transferencia cercana, aplicar el aprendizaje a situaciones similares al entrenamiento, de la transferencia lejana, aplicarlo a través de dominios, formatos o largas demoras. Barnett y Ceci argumentaron que las contradicciones de la literatura provienen de comparar estudios incompatibles, y propusieron una taxonomía de nueve dimensiones que cubre qué se transfiere y cuánto difiere el nuevo contexto en dominio de conocimiento, entorno físico, tiempo y más. Que la transferencia ocurra depende en gran medida de dónde se sitúe un estudio en esas dimensiones.
Lo que ayuda a la transferencia, según la evidencia actual, es un aprendizaje que codifica la estructura subyacente y no los rasgos superficiales: ejemplos variados y práctica intercalada que obligan a discriminar entre tipos de problemas, explicaciones de por qué funcionan los métodos y comparación entre casos. Un aprendizaje inicial profundo es el precio de entrada, porque el conocimiento que nunca se adquirió con firmeza no puede viajar a ninguna parte.
Para quien aprende por su cuenta, la apuesta práctica es la amplitud de conexiones. Leer a través de dominios, enlazar notas de campos distintos y preguntarse dónde más se aplica una idea crean la codificación variada que da a un concepto más de una plataforma de lanzamiento. La transferencia rara vez ocurre por accidente; se sigue de cómo se construyó el conocimiento.