Prevenir la hipercolesterolemia. Existen genes y variantes genéticas, como la APOE4, que pueden predisponer a una persona a tener el colesterol por las nubes.
Si un test te dice que has resultado agraciado con esta variante, lo ideal es seguir pautas nutricionales encaminadas a prevenir o reducir la hipercolesterolemia.
Un ejemplo son las variaciones en el gen AMY1. Este gen codifica una enzima llamada amilasa salival, que se encarga de descomponer en la boca los hidratos de carbono (el almidón, de ahí amilasa). Algunas personas tienen más copias del gen AMY1 y, por lo tanto, producen más amilasa salival. Esto les permite descomponer y digerir los hidratos de carbono de manera más eficiente. El problema es que puede afectar a la rapidez con la que se sienten saciadas después de comer alimentos ricos en almidón. Algunas investigaciones sugieren que tener un número menor de copias del gen AMY1 podría estar relacionado con el riesgo de obesidad.
Come más frutas y hortalizas (al menos medio kilo al día). Hay evidencia científica de que en las personas que comen más frutas y verduras no se activan tanto los genes relacionados con la obesidad como en las que comen menos. 2. Haz ejercicio físico (al menos los 20 minutos ligeros o 12 minutos intensos diarios que marca la OMS). El ejercicio puede influir en los genes del tejido adiposo relacionados con la obesidad, mejorando la capacidad del cuerpo para metabolizar la grasa y regular el peso. 3. Evita el tabaco, el alcohol, la mala alimentación, el sedentarismo, la falta de sueño o el estrés. Son los jinetes del apocalipsis para tus genes. 4. Vigila el estrés. Puede influir en los genes que regulan cómo se almacena la grasa y cómo se redistribuye y cómo se regulan el apetito y la saciedad. 5.
Huye de los test de sensibilidad alimentaria que te dicen qué alimentos engordan. No tienen evidencia científica. 7. Si tienes posibilidad, hazte un test nutrigenético con un especialista. Puede revelarte algún secreto valioso.
Recuerda: la genética carga el arma, pero los hábitos aprietan el gatillo. Toda acción puede tener su reacción.
¿Por qué los xenobióticos influyen en el sobrepeso y la obesidad? Cuando hablamos de xenobióticos, acaparan los titulares los efectos tóxicos neurológicos o cancerígenos. Por si fuera poco, también pueden influir en el sobrepeso y la obesidad, interactuando con algunos de los protagonistas que hemos ido conociendo a lo largo de este libro. Por ejemplo: 1. Primas hormonas del hambre. Los llamados disruptores endocrinos pueden alterar a las hormonas mensajeras y provocar fallos en la regulación del apetito. También pueden alterar a las primas hormonas que regulan el metabolismo o el almacenamiento de la grasa o a las primas hormonas tiroideas. 2. Adipocito. A algunos xenobióticos que son lipófilos, es decir, que se disuelven en grasa, les encanta instalarse dentro del adipocito. Esto puede alterar la función del adipocito y la salud del tejido adiposo en general. 3. Inflamación. Otros xenobióticos son guerreros y tienen la mala costumbre de generar radicales libres, que, como hemos visto, son la chispa que prende la mecha de la inflamación en nuestro tejido adiposo. 4. Microbiota. Ya hemos aprendido que a nuestras pobres bacterias buenas les afecta casi todo (lo que comemos, lo que nos movemos, lo que nos estresamos…). Y, por supuesto, los xenobióticos también pueden influir en el ecosistema bacteriano, provocando un desequilibrio que favorezca la obesidad.
5. Hígado. A otros xenobióticos les encanta molestar en el hígado, que, como hemos visto, tiene un papel importante en el metabolismo de las grasas y del azúcar (forma el glucógeno, el trenecito con vagones de azúcar). Si se alteran estas funciones, también se puede favorecer la obesidad.
La polémica: la quimiofobia es tendencia Hoy estamos expuestos a muchas más sustancias potencialmente tóxicas que hace unos años, pero no debemos caer en la trampa de quienes han convertido esto en una oportunidad de negocio. A río revuelto, ganancia de estafadores que pretenden hacernos creer que lo natural es más sano, cuando, bajo el amparo de lo natural, se lanzan al mercado alimentos y productos que pueden ser incluso más peligrosos y contaminantes. Lo natural no es necesariamente más sano. Natural también es la cicuta (o las piretrinas, por poner como ejemplo un pesticida considerado natural y apto para la agricultura ecológica). ¿Cómo distinguimos la información real de los vendehúmos? La información rigurosa en este sentido es más importante que nunca y este es un melón que da para escribir otro libro (así que, de momento, lo dejo aquí, porque este ya lo estamos terminando).
Manual de supervivencia para la vida moderna Es muy complicado escapar de los siete pecados capitales de la vida moderna. De hecho, corresponde a los señores de ahí arriba (Gobiernos, instituciones…) tomar medidas para convertir esta acrópolis que es nuestro entorno en un mundo seguro donde vivir. El problema es que nuestros gobernantes a veces se despistan un poco, así que nos toca tomar cartas en el asunto y protegernos a nosotros mismos como buenamente podamos. A lo largo de este libro hemos ofrecido herramientas para minimizar los efectos de esta eterna y excesiva Noche de Reyes en la que se ha convertido nuestra vida. En el capítulo 1, hablamos de la alimentación consciente (mindful eating) y de otros aliados que pueden ayudarnos a luchar contra males de la vida moderna, como el supersizing, el estrés o la falta de sueño. En el capítulo 2, levantamos los pilares de la dieta: nuestra biblia para ayudarnos a comer bien, aunque hoy en día comer mal sea más fácil que nunca.
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