La vida es para disfrutarla: amar, aprender, descubrir..., y eso sólo lo podremos hacer cuando hayamos superado la neurosis (o el miedo, su principal síntoma).
Esto es exactamente lo que decía Epicteto: «No nos afecta lo que nos sucede, sino lo que nos decimos acerca de lo que nos sucede».
Cada situación merece una ponderación adecuada, lo más realista posible, y eso nos ayudará a resolver cada situación de la vida. Deprimirse, estresarse, llenarse de rabia son actitudes que no contribuyen en nada al éxito.
Cuando decimos que determinado evento es «terrible» (o sería «terrible» si sucediese) queremos decir que: 1. No puedo ser feliz. 2. No debería haber sucedido. 3. No lo puedo soportar.
En la Línea de Evaluación de las Cosas de la Vida, podríamos valorar el hecho de tener mamas pequeñas como «un poco malo», ¡pero nunca como «terrible»! Eso significa, a nivel emocional, que ese defecto puede disgustarnos un poco, pero no tiene por qué llenarnos de ansiedad, tristeza o vergüenza.
Las personas como Paquito nos enseñan una importante lección, que consiste en tener el suficiente criterio para saber si cualquier suceso es más o menos malo respondiendo a la siguiente pregunta: «¿En qué medida esto que me ha pasado (o me podría pasar) me impide llevar a cabo acciones valiosas por mí o por los demás?».
Ahí está la madre del cordero: una persona madura es aquella que no exige, sino que prefiere. Se da cuenta de que la vida y los demás no están ahí para satisfacer fantasiosas demandas. Pero lo que es más importante: ¡no necesita nada de eso para ser feliz!
La creación de necesidades artificiales produce malestar emocional, tanto si las satisfaces como si no, porque: a) Si no lo consigues, eres un desgraciado... b) Y si lo consigues, siempre lo podrías perder..., y ya estás introduciendo el miedo y la inseguridad en tu mente.
La persona madura sabe que la única forma de disfrutar de los bienes de la vida es estar dispuesto a perderlos. De lo contrario, la tensión inherente a la posibilidad de perderlos es demasiado grande. Sólo podemos disfrutar de lo que podemos prescindir.
«Hay que ocuparse y no preocuparse».










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