La economía en una lección de Henry Hazlitt condensa toda la teoría económica en un único principio rector: el buen economista no se limita a las consecuencias inmediatas y visibles de una política, sino que examina sus efectos secundarios y remotos sobre toda la colectividad, no solo sobre un grupo concreto.
A partir de la parábola del cristal roto de Bastiat, Hazlitt desmonta sistemáticamente las falacias intervencionistas más extendidas:
Dos ideas vertebran la obra. Primero, la distinción entre necesidad y demanda: solo hay demanda real cuando hay poder de compra correspondiente. Segundo, que producción, no empleo, es el fin último; el pleno empleo es mera consecuencia de la plena producción.
Hazlitt insiste en que el mecanismo de precios —oferta y demanda— resuelve eficientemente la asignación de recursos, y que dejar morir industrias obsoletas es tan vital como dejar crecer las prósperas. El libro es una defensa lúcida del mercado libre y una advertencia contra el pensamiento económico fragmentario que ve solo "lo que se ve" e ignora "lo que no se ve".
Una cierta carga fiscal es, naturalmente, indispensable para cumplir las funciones esenciales de todo gobierno. Unos impuestos razonables, adecuados a estos fines, no interfieren seriamente la producción. Los servicios públicos que ofrecen a cambio y que, por lo demás, salvaguardan la producción misma, suponen más que suficiente compensación. Ahora bien, cuanto mayor sea el porcentaje de renta nacional que absorban las cargas fiscales, tanto mayor será la disuasión ejercida sobre la producción y la actividad privada. Cuando la carga total tributaria rebasa unos límites soportables, el problema de buscar nuevos impuestos que no desalienten y obstaculicen la producción resulta insoluble.
Highlighted by 3 people
Lo que equivale a decir que los prestamistas estatales asumirán con el dinero ajeno (del contribuyente) mayores riesgos que los prestamistas privados asumen con el suyo.
Highlighted by 2 people
En resumen, las máquinas, los perfeccionamientos técnicos, las economías y la eficiencia, en definitiva, no dejan sin trabajo a los hombres.
Highlighted by 2 people
En ello consiste la fundamental diferencia entre la buena y la mala economía. El mal economista sólo ve lo que se advierte de un modo inmediato, mientras que el buen economista percibe también más allá. El primero tan sólo contempla las consecuencias directas de la medida a aplicar; el segundo no desatiende las indirectas y más lejanas. Aquél sólo considera los efectos de una determinada política, en el pasado o en el futuro, sobre cierto sector; éste se preocupa también de los efectos que tal política ejercerá sobre todos los grupos.
Highlighted by 2 people
El arte de la Economía consiste en considerar los efectos más remotos de cualquier acto o medida política y no meramente sus consecuencias inmediatas; en calcular las repercusiones de tal política no sobre un grupo, sino sobre todos los sectores.
Highlighted by 2 people
Lo ocurrido ha sido, sencillamente, que se ha creado una cosa a expensas de otras.
Highlighted by 2 people
En tales circunstancias, es poco probable que los proyectos madurados por los burócratas proporcionen la misma suma de riqueza y el mismo bienestar por dólar gastado que los que proporcionarían los propios contribuyentes si, en lugar de verse constreñidos a entregar parte de sus ingresos al Estado, los invirtieran con arreglo a sus deseos.
Highlighted by 2 people
Si pierden el dólar completo cuando pierden, pero sólo pueden conservar una parte de él cuando lo ganan, llegan a la conclusión de que es una tontería arriesgar su capital. De esta suerte, el capital disponible decrece de modo alarmante. Queda sujeto a imposición fiscal aun antes de ser acumulado. En definitiva, al capital capaz de impulsar la actividad mercantil privada se le impide, en primer lugar, existir, y el escaso que se acumula se ve desalentado para acometer nuevos negocios. El poder público engendra el paro que tanto deseaba evitar.
Highlighted by 2 people
Porque es de notar que lo realmente prestado no es dinero, mero instrumento de cambio, sino bienes de capital
Highlighted by 2 people
Hállase muy difundida la extraña creencia, mantenida por todos los arbitristas monetarios, según la cual el crédito es algo que el banquero otorga. Por el contrario, el crédito es algo que el hombre tiene previamente adquirido. Goza de crédito porque posee bienes de un valor monetario superior al préstamo que solicita o bien porque sus condiciones personales y su pasado se lo han proporcionado. Lo lleva consigo al Banco y por ello consigue el préstamo; el banquero no entrega dinero a cambio de nada. Se siente seguro de que le será devuelto y no hace sino cambiar una forma más líquida de capital o crédito por otra menos líquida.
Highlighted by 2 people
El análisis de Glasp sobre los subrayados de 4 lectores revela un fuerte consenso en torno al principio central del libro y una valoración muy positiva de su claridad y vigencia.
Glasp AI analysis based on highlights from 4 readers.
Ideal para quienes se inician en economía y buscan un marco claro para pensar con rigor sobre política económica. Útil para estudiantes, emprendedores, votantes y periodistas que quieran detectar falacias en debates sobre empleo, impuestos, aranceles o inflación. También para lectores con inclinación liberal o partidarios del laissez faire que deseen argumentos sistemáticos. No requiere conocimientos técnicos previos: Hazlitt escribe con claridad y ejemplos cotidianos, aunque conviene cierta apertura a cuestionar intuiciones intervencionistas.










Import your Kindle highlights to review, organize, and share the ideas that matter most to you.
Get the free browser extension