Aunque en general una intervención pública nos parezca una gran idea y le destinemos a ella importantes recursos, nunca podemos dar por garantizado a priori su éxito. Siempre existirán dudas sobre su efectividad, resultados e impactos. Por ejemplo, un programa que busque mejorar los hábitos de lectura a través de la construcción y o dotación de bibliotecas no puede asegurar desde el momento de su diseño que una vez construidas las bibliotecas,
efectivamente las personas harán uso de ellas y leerán un mayor número de libros en comparación con los que leían de manera previa a la entrada en vigencia del programa. Es necesario establecer un sistema de seguimiento y evaluación que permita cuantificar los resultados o los efectos generados. Solo así se podrá garantizar la utilización óptima de los recursos, establecer acciones de mejora y tomar decisiones sobre la continuidad de los programas.
Vamos a revisar los tipos de evaluación más conocidos y utilizados y cuáles son sus principales características. Las metodologías de evaluación que se presentarán a continuación son de tipo cuantitativo. Sin embargo, no debemos olvidar la complementariedad que se puede dar con técnicas de evaluación cualitativa como lo son los métodos etnográficos, los grupos focales y las entrevistas a profundidad. Adicionalmente, estas técnicas de evaluación cualitativa nos permiten abordar de una mejor manera
resultados e impactos propios de las dinámicas culturales, como lo son los cambios en el entorno, en las prácticas y en los hábitos de las comunidades. En primer lugar tenemos la evaluación institucional, la cual se utiliza para analizar los efectos generados por las reformas estructurales a los programas o instituciones. En segundo lugar está la evaluación de procesos, que como su nombre lo indica, nos permite hacer un análisis riguroso en términos de los macro y microprocesos de un proyecto, programa o política.
En tercer lugar encontramos la evaluación de resultados, uno de los tipos de evaluación más conocidos y utilizados. Esta evaluación se utiliza para estudiar los cambios en las condiciones de los beneficiarios generados por los programas en el corto o mediano plazo. Para la realización de las evaluaciones de resultado es necesario contar con la definición de una línea de base, que en términos prácticos o sencillos corresponde a la caracterización de la situación inicial
en la cual se encontraban las personas antes de que fueran beneficiados por el programa, proyecto o política. En este punto es importante mantener las expectativas correctas. La evaluación a nivel de resultado no tiene como objetivo explicar de manera causal por qué ese nivel de resultado se logró, pues con este tipo de evaluación es imposible atribuir los resultados obtenidos exclusivamente a la intervención.
Por último tenemos la evaluación de impacto. Este tipo de evaluación implica ser capaz de aislar el efecto o impacto del programa, eliminando otros factores que pudieron incidir de una u otra manera en el comportamiento de las personas. En otras palabras, la evaluación de impacto no trata de establecer qué ha pasado después de poner en marcha el programa, sino qué ha pasado en comparación con lo que habría ocurrido si la intervención no se hubiera llevado a cabo.
Sin embargo, en la práctica esto no es posible. Retomando nuestro ejemplo de las dotaciones de bibliotecas públicas, es imposible conocer cómo habría cambiado el índice de lectura de los habitantes de una población beneficiada con la construcción de una biblioteca si no se hubiera construido dicha biblioteca. Para resolver esta dificultad, las metodologías de evaluación de impacto requieren la definición de un grupo de control,
el cual nos permite tener una aproximación a lo que habría ocurrido si la intervención no se hubiera llevado a cabo. En nuestro ejemplo, este grupo de control podría ser una población similar en muchas características sociales, económicas y culturales a la población beneficiada, pero que no fue objeto de la construcción de una biblioteca. Para profundizar en los últimos tipos de evaluación expuestos, los invitamos a revisar la evaluación de resultados de impacto del Programa de Proquestas de la Fundación Batuta.
Este programa tiene como propósito impulsar la educación musical de niños y jóvenes y contribuir a su formación integral.