Gentrificación - Miles de Ciudades

Mauricio Perez Mamani

Mauricio Perez Mamani

Mar 27, 2026 2:28 PM

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Paseando por lugares, calles o barrios del mundo, siempre deseamos habitarlos, aunque sea por un momento. Vivir la experiencia, le llaman a algunos, por ejemplo tomando un café frappé en la terraza, disfrutando de un brunch o probándonos ropa en una tienda design que utiliza materiales secos y de proximidad. Nunca nos detenemos a pensar quienes vivieron antes en esas calles, ni sabríamos como el pub de la esquina que vende cervezas artesanales antes era un bar de grapa.
Tampoco que el edificio de Loft no hace tanto tiempo era un depósito industrial, y menos aún, mientras disfrutamos el jugo de apio, pepino y jengibre, que esas casitas cuidadas y arregladas fueron en realidad antiguas casas obreras que por el aumento del alquiler las familias debieron mudarse. A estos cambios urbanos y sus efectos se les llama gentrificación. La gentrificación es cualquier proceso de revalorización de una parte de una ciudad
ligado a estrategias inmobiliarias económicas de puesta en valor y o estrategias políticas de revalorización, que requieren un cambio de población para tener éxito. El término gentrificación fue inventado por la socióloga británica Ruth Glass en un estudio sobre un barrio de Londres. Deriva de la palabra inglesa gentry, usada en Gran Bretaña para describir a la baja nobleza y a la alta burguesía. Glass lo describió como un fenómeno excepcional.
En la actualidad se ha convertido en una estrategia global que puede observarse en ciudades de todo el mundo. Incluso, el concepto es utilizado para explicar diferentes fenómenos de consumo referido a la gastronomía y a las prácticas culturales urbanas, que pasan de ser populares y locales a ser estilizadas y de carácter global. Desde mediados de los años 80 el término se ha vuelto caótico. Conceptos como revitalización, reurbanización, renovación, reactivación y regeneración
urbana forman parte del vocabulario asociado a la gentrificación. Sharon Sukin desarrolló un modelo que describe el proceso de gentrificación. Los habitantes pioneros de la gentrificación se mudan allí por el alquiler barato y la amplitud de metros cuadrados de la vivienda. Las personas cuentan con algo de capital económico, pero sobre todo cultural.
Son artistas que necesitan instalar su taller, estudiantes que comparten apartamento o jóvenes que buscan abrir un comercio propio. Ya en una segunda fase, este impulso va cambiando la visión que se tiene de ese barrio ante la opinión pública. Hay una revalorización simbólica del barrio, donde además de productores de cultura, también se mudan cada vez más consumidores de cultura. Cuando ya existe una infraestructura necesaria para el estilo de vida característico de
la clase media, esto atrae a población de mayores ingresos que aquellos pioneros. Cuando llegan al barrio clases más acomodadas, este se vuelve interesante también para los inversores. Finalmente, en la tercera fase de la gentrificación, la revalorización simbólica y cultural se transforma en una revalorización económica, trayendo como consecuencia un aumento desmedido de los alquileres y del valor de venta de viviendas individuales.
De esta forma, en un periodo de tiempo, se expulsa a los habitantes más pobres. Los inquilinos llegados en la fase pionera se suelen convertir también en víctimas de la gentrificación. Este proceso de revalorización configura la paradoja de preparar tu propio desplazamiento. ¿Qué formas podemos identificar de la gentrificación? Gentrificación. ¿La gentrificación de obra nueva? La construcción de un edificio o un conjunto de viviendas no genera necesariamente gentrificación,
pero es más probable si son viviendas de alta calidad o de lujo, ya que esto aumenta la presión de revalorización en el barrio donde se ubican. La gentrificación comercial. Los procesos de revalorización de los barrios a menudo van ligados a un cambio en la estructura comercial. Los kioscos, almacenes, son sustituidos por restaurant gourmet, supermercados de convivencia, cafeterías hipster y pequeñas tiendas.
Esta gentrificación comercial tiene dos causas principales, la diferencia en los hábitos de consumo de los nuevos habitantes y el aumento de los precios del alquiler de los locales comerciales en los barrios gentrificados. La turistificación. El turismo urbano tiene una influencia cada vez mayor en los procesos de cambio de las ciudades. Con sus hábitos de consumo, la masividad turística afecta al espacio público, a la
estructura comercial y a la oferta residencial de los barrios. En varias ciudades, edificios de viviendas se han transformado exclusivamente en alojamientos turísticos, generando un cambio de la población. Pero entonces, ¿qué conflicto genera la gentrificación? Gran parte de los conflictos surgen cuando la mejora de los barrios está unida a expectativas de ganancia económica, y con esto la expulsión de las personas que viven en ellos.
En esta expulsión se reconoce la importancia fundamental que tiene el lugar y el hogar en la vida de las personas. Un lugar es un conjunto de redes sociales y familiares. Es el hábitat donde se construye identidad y sentido de pertenencia, ofrece contención y estabilidad. El apego que tenemos a un lugar no solo es sentimentalismo o mera nostalgia, refleja la importancia que tiene la casa, el barrio y la ciudad en ayudarnos a crecer, a desarrollar
relaciones y a construir seguridad, tanto financiera como psicológica. Esto se agudiza en algunos sectores de la población, como ser adultos mayores y mujeres. Por otra parte, la gentrificación se ve facilitada por fuerzas más poderosas que la del propietario promedio de clase media. Están los gobiernos, los desarrolladores, los inversores, los especuladores y las plataformas digitales que crean nuevas maneras de obtener ganancia con el espacio urbano.
En algunos casos, es el propio Estado el que desembarca en proyectos de reurbanización que busca disgregar a los pobres y destruir las viviendas informales con el objetivo de dar paso a desarrollos inmobiliarios que atraen a una nueva clase media o alta. Más allá de rechazar los procesos gentrificantes, igualmente las personas con menos recursos siguen necesitando un lugar donde vivir. No todas las personas de un barrio se encuentran en exactamente la misma posición social y
económica, y tienen lo mismo que ganar o perder. Existen diferencias notables en las circunstancias entre los propietarios y quienes alquilan, pero también hay otras diferencias como la raza, el tipo de familia, la edad, el género o su estado migratorio, que afectan el modo en que las personas viven las consecuencias de la gentrificación. Identificar la pluralidad de necesidades de estas poblaciones, sobre todo las más vulnerables,
es saber traducir una posible política habitacional que no quede librada a las reglas del mercado inmobiliario. No es fácil desmantelar el control del mercado inmobiliario que rechaza las regulaciones. Menos aún si no hay una voluntad explícita del sector público para hacerlo. Experiencias como la de Berlín, Barcelona o el cooperativismo de vivienda en Uruguay son muestra de ello. La movilización social ha mostrado que es posible un cambio.
Existen cada vez más colectivos interpelando y amplificando estos procesos urbanos, profundizando su análisis. La gentrificación no es un problema de cafeterías cool, hipster, grafitis, nuevos edificios con lofts y amenities, sino de la ciudad y la vivienda como objeto de transacción económica. Es clave la relación del mercado inmobiliario con sus deseos especulativos y el rol de un Estado que regule o le da rienda suelta a estos deseos.
Más información www.alimmenta.com

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